domingo, 24 de abril de 2022

Viajes por la memoria

Hace unos meses, en un rato libre del que disponía, me entró la curiosidad por leer conversaciones antiguas de mi cuenta de Facebook. Algunas tenían ya 10 años o incluso más, y me sorprendí al descubrir que dicha práctica me resultaba bastante interesante pese a que, en ocasiones, encontraba diálogos referentes a situaciones complicadas o dolorosas.


Algunas personas me comentaban que no se veían capaces de hacer esto, y ciertamente es comprensible no querer remover ciertos recuerdos, pero al fin y al cabo es algo que ocurrió y no podemos borrarlo por mucho que tratemos de ignorarlo.


Aprendemos historia en buena parte para comprender el contexto sociohistórico en el que vivimos y aprender de los errores que se cometieron en el pasado, con el fin de que éstos no se repitan o, en el caso de así sea, tener las herramientas adecuadas para darle solución lo antes posible.


No hace mucho encontré una viñeta en una red social que resumía a la perfección el por qué de ese afán de conservar conversaciones y fotografías antiguas: son fragmentos de nuestra memoria.


Contemplar una fotografía siendo feliz de fiesta con tus amigas o en un viaje con tu pareja, o rememorar una conversación contando tus problemas a alguien de confianza, es lo más parecido a viajar al pasado que podemos experimentar. Y del mismo modo que estudiamos la historia para no repetir los errores de nuestros antepasados, considero que rememorar anécdotas nos permite recordar por qué somos como somos, cómo hemos llegado al punto en el que nos encontramos en la actualidad y analizar la situación desde la posición de alguien que con el transcurso del tiempo ha añadido experiencias y sabiduría y se ha transformado en alguien distinto de la persona que escribió esos mensajes o sonreía en esas fotografías.


Viajar a los retazos ocultos de la mente es autoenseñanza y autoaprendizaje al mismo tiempo. Observar las cosas con la frialdad que te proporciona el transcurso de los años, te permite visualizar y entender detalles que en su momento pudieron pasar por alto y dar o quitar valor a ciertas cosas, y a su vez te vuelves más consciente de aquellas versiones de ti misma que quieres potenciar y de cuáles te quieres deshacer para no repetir errores y construir una mejor versión de una misma para los años venideros.


*Lenore Lenoir*

domingo, 3 de abril de 2022

Guerra de 1ª y Guerra de 2ª

Ha tenido que transcurrir nada más y nada menos que el estallido de una guerra en Ucrania para retomar este blog, pero si hay algo que llevo peor que la hipocresía es cuando ésta ni siquiera se intenta disimular, y hemos llegado a un punto en el que siento que debo decir algo al respecto.


Desde que Rusia inició su ofensiva contra Ucrania es ingente la información que nos ha ido llegando a través de los medios de comunicación, y a nivel proporcional al volumen de información se han ido aconteciendo campañas de ayudas tanto en el ámbito particular como en el ámbito gubernamental, tales como el envío de productos básicos y de primera necesidad para las personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares, acogida de refugiadas y refugiados en nuestro país, celeridad en la tramitación de los permisos de residencia, y un largo etcétera. Lo que viene siendo un acto humanitario hacia personas inocentes que lo han perdido todo en cuestión de momentos, una acción totalmente lógica y esperable ante atrocidades de este tipo, ¿verdad?


De forma paralela a la narrativa de estos acontecimientos, nos encontramos con otra muy distinta, la otra cara de la moneda del ser humano y generalmente promovida por grupos o colectivos que no diré que sean nazis (oh no no no, por favor, no... bueno... sí). Una faceta mucho menos amable, empática y solidaria que la que nos estamos encontrando últimamente. 


En estos casos ya no se trata de simpáticas familias de piel clara, pelo rubio y ojos azules, que son gente como tú y como yo con las que nos podemos sentir identificadas, especialmente en España, donde abundan este tipo de rasgos físicos en la población; sino que hablamos de peligrosos terroristas, "menas" y "vividores de Schrödinger" (que vienen a acaparar todas las paguitas para no dar un palo al agua, y a su vez nos quitan todos los trabajos). En estos últimos supuestos nos encontramos, no con gente que huye de conflictos que están aconteciendo en la actualidad en sus respectivos países, sino que se levantaron un día de la cama y pensaron que sería buena idea embarcarse en una patera, dejar atrás toda su vida y seres queridos, sólo por el placer de tocarle los genitales al españolito de turno aficionado a llamar taxis. Además, para colmo, son "morenitos", no son de los nuestros.


La solidaridad y la empatía deberían ser los rasgos distintivos de la raza humana; por desgracia, la bondad y la nobleza son cualidades que, aunque no guste decirlo abiertamente, no son deseables (¿quién no ha escuchado desde la infancia o en algún momento de la vida expresiones como "es que eres demasiado buena/o, deberías tener más maldad", o "es que de buena/o eres tonta/o"), y todo acaba desembocando en actos crueles como las guerras, seguido de un proceso de clasificación para determinar qué personas son más personas y quiénes merecen más ayuda o, por el contrario, quiénes sólo merecen, en el mejor de los casos, la más absoluta indiferencia.


"Hunger for shiny rocks

For giant mushroom clouds

The will to do just as you'd be done by

Enter history, the grand finale

Enter ratkind"



*Lenore Lenoir*




lunes, 28 de marzo de 2022

Entre líneas


Hace unos días rescaté mi vieja libretita de escribir (sí, me encanta escribir a mano), ya un poco maltrecha por el paso de los años y casi terminada, y releí algunos de los escritos que después publiqué en este blog. Entre estos escritos encontré uno que, con casi toda seguridad, estaba pensado para su publicación pero por algún motivo que ahora mismo desconozco no llegó a salir a la luz. Pero como se suele decir, "nunca es tarde si la dicha es buena", así que lo rescato y lo comparto con mis lectores (o personitas incautas que han tropezado con este lugar).


ENTRE LÍNEAS


Últimamente he sentido tristeza al leer con relativa frecuencia testimonios de personas nacidas en generaciones posteriores a mí quejándose de los libros que les obligan a leer en el instituto. Muchos alegan que no sienten tanto interés o pasión por la lectura como deberían por culpa de la imposición de libros desde el ámbito académico, y olvidan que leer es, o debería ser, algo placentero y mágico, por no mencionar que también hay quienes sostienen que ya de por sí los libros infantiles o "acordes" a la edad que mandan en los colegios e institutos no son de gran calidad.


Yo terminé el instituto hace unos cuantos años y aunque mi hermano finalizó hace sólo uno, me albergan una serie de dudas: ¿Qué libros son los más cotizados actualmente en los centros de enseñanza? ¿Qué hacen (si es que lo hacen) para fomentar la pasión por la lectura al alumnado?


Como por arte de magia, aparecieron ante mí algunas de las obras que tuve que leer en algún momento y ya no recordaba haberlas leído. Si bien es cierto que algunas eran de mero entretenimiento, otras plasmaban una moraleja y un mensaje que todo el mundo debería llevar a cabo. Da rabia acabar enterrando esa narrativa en un oscuro rincón de la memoria y, junto a ella, los valores que transmite.


Por citar algunos, el primero que se me viene a la mente es "Momo", de Michael Ende. Pasados unos años después de su lectura, observas a tu alrededor, y a ti misma también, y te das cuenta de cómo se han apoderado los hombres grises de nuestras vidas y nuestro tiempo. Estamos programados para cumplir una serie de objetivos: terminar los estudios, trabajar, formar una familia, tener cosas, seguir trabajando para pagar esas cosas, envejecer y morir.


También recuerdo con nostalgia la cantidad de imaginación que albergaba durante mi infancia. ¡Qué fluidez a la hora de escribir! Sí, aún me fluyen las palabras, pero no transmiten lo mismo, no siento esa magia y esa divagación de antaño. ¿Será que los amuletos-prisma que me ha otorgado la tecnología han absorbido toda mi capacidad para soñar, como ocurre en "El maestro y el robot"?


Tengo la impresión de que algunos valores se están perdiendo: cada vez veo más violencia, más discriminación hacia personas de aspecto desagradable para uno mismo, como se narraba en "Intercambio con un inglés" (aunque no todo el mundo acaba con el mismo final feliz del libro).


Vivimos en un mundo corrompido por el dinero y el poder, y lo sabemos, pero estamos tan atadas a él que muy pocas son capaces de arrojar los billetes por los aires y exclamar "¡Viles papeluchos!", como dirían en "Caperucita en Manhattan".


Visto así, parece que todo es negativo, pero nosotras tenemos el poder de cambiar la situación y convertir el mundo en un lugar mejor.  Podemos dedicar el tiempo a nosotras y encontrar un hueco para disfrutar; cambiemos la enseñanza programada por una educación basada en el aprendizaje, la curiosidad y la motivación, y ojalá, solo ojalá, algún día no tengamos que depender de llevar algo de dinero sólo para salir a la calle.


*Lenore Lenoir*





domingo, 20 de marzo de 2022

¿He vuelto?

Ha pasado mucho tiempo desde mi última publicación, pero nunca llegué a irme del todo, pues mientras haya vida, los pensamientos y las palabras siguen fluyendo, aunque a veces desemboquen en terrenos perdidos o se desvíen de su cauce hacia la nada.


Soy consciente de que tal vez el blog ya no sea un formato con la misma popularidad que tenía hace años, pero siempre he tenido mayor predilección por la palabra escrita, y hace poco descubrí que resulta interesante tener tu propio espacio de memorias donde puedes regresar con el paso del tiempo y redescubrirte, siendo ya una versión de ti misma distinta a la de la persona que escribió aquellas publicaciones de hace años. 


Por eso, y del mismo modo que en el año 2022 me he reencontrado con mi yo de años anteriores y con mi visión de las cosas de aquel entonces, he decidido retomar (o al menos intentarlo) este blog, para compartir los pareceres de mi yo del 2022.


Aún no sé con qué frecuencia iré actualizando, ni el contenido que tendrá. Tal vez tenga algún carácter más introspectivo, o puede que simplemente me deje llevar por lo que dicte mi mente (los caprichos de la mente son generalmente caóticos e impredecibles).


En cualquier caso, si te encuentras con esta publicación y este blog en este período de streamings y podcasts, eres más que bienvenida, bienvenido o bienvenide.


*Lenore Lenoir*



domingo, 26 de marzo de 2017

La trampa de la igualdad

Cuando alguien pregunta a un grupo de gente "¿Quién está a favor de la igualdad?" raro es quien no levanta la mano. Da igual el género, la orientación sexual, la creencia religiosa, la etnia o la clase social a la que pertenezcamos, la palabra "igualdad" suena muy bien y es muy deseable porque en mayor o en menor medida suele haber algún factor con el que nos percibamos en desigualdad respecto a otras personas: una mujer blanca de clase acomodada puede querer igualdad porque se siente discriminada por ser mujer, un hombre blanco de clase obrera desea igualdad para poder llegar a fin de mes, un hombre negro quiere vivir tranquilamente sin tener que aguantar comentarios racistas, y así sucesivamente.

Ahora bien, ¿qué significa "igualdad"? Es importante hacerse esta pregunta, porque según la connotación que se le dé, puede variar mucho el progreso de una sociedad. 

Supongamos que la igualdad debería ser interpretada en un sentido estricto, es decir, todo el mundo por igual en un sentido literal. Suena lógico, nadie debería tener ventajas especiales sobre el resto por cumplir ciertas características. Nadie debería recibir becas para estudiar, ni subvenciones de ningún tipo. Tampoco descuentos en el transporte público, ¿por qué hay que darles un trato especial a personas jubiladas o a personas sin ingresos? Y ya no hablemos de los descuentos en museos o monumentos para personas empadronadas o jóvenes. Por no mencionar las ventajas fiscales para familias numerosas o un sistema de tributación escalonada ajustada a las circunstancias personales y familiares de cada individuo. Si tienes una hija o un hijo que ha sacado una media de matrícula de honor en Bachillerato, no aceptes el primer año de universidad gratis en solidaridad con el resto de estudiantes que deben pagar su matrícula. Tampoco aceptes los pluses en tu salario por antigüedad por una igualdad con el resto de la plantilla, ni la paga a la que tienes derecho si estás en situación de desempleo.

Por otro lado, existe otro concepto de igualdad, uno peor visto pero del que paradójicamente nos hemos beneficiado en más de una ocasión. No nos gusta el término "acción positiva" (la mal denominada "discriminación positiva"), pero con más o menos acierto ha sabido identificar las múltiples circunstancias que distinguimos como desigualitarias y, si bien no carece de imperfecciones, al menos muestra el punto básico: para plantear una solución en materia de igualdad, primero hay que saber cuál es el problema.




*Lenore Lenoir*

domingo, 19 de marzo de 2017

EL HUMOR

El humor se puede manifestar de muchas maneras y su concepto suele variar dependiendo del país o cultura en la que vivas. Hay chistes mejores y peores, personas con más o menos facilidad para entenderlos y captar la gracia, y luego está EL HUMOR (sí, con mayúscula).

EL HUMOR es el culmen de la comedia y te tienes que reír sí o sí, porque provoca la carcajada a nivel universal. Piensa en el chiste, monólogo o "sketch" que más gracia te haya hecho en toda tu vida, el que te provocó un ataque de risa que casi te mata. Bueno, pues eso no le llega ni a la suela de los zapatos a EL HUMOR, porque nada te puede hacer partirte el pecho más que frivolizar sobre una violación hecha a una niña, agresiones a cualquier persona que no sea hombre blanco cis hetero de clase media, o chistes tan novedosos como los que hacen burla a costa de reproducir y perpetuar estereotipos.

EL HUMOR es una cosa tan sofisticada que quien lo emite debe dejarlo claro, porque está tan plagado de retórica y es tan complejo que nadie con dos dedos de frente lo entiende.

Ahora bien, como cualquier tipo de humor, EL HUMOR no está exento de límites. No todo vale en EL HUMOR, existen unas reglas:

1. Frases o comentarios que provengan de personas pertenecientes a grupos oprimidos hacia grupos opresores no son graciosos, son una amenaza que pueden convertirse en realidad.

2. Personas de colectivos oprimidos sí pueden, en cambio, hacer EL HUMOR sobre su propia condición y tirar de estereotipos. Es requisito importante la alienación.

3. Tiene que ser "políticamente incorrecto". Sí, humor negro puro y duro, un humor tan polémico que parece mentira que la gran mayoría de reconocidos comediantes a nivel nacional llenen los recintos donde actúan y vivan de ello.

Seguiría explayándome, pero EL HUMOR no necesita más explicación. Es la carta de presentación de los mejores iconos de la comedia de la Historia: desde los que han alcanzado la cima de la montaña de la fama por alargar un poco los chistes que les aguantas a tu cuñado en las reuniones familiares, hasta aquellos que lo han reciclado y lo sueltan en vídeos de Youtube de millones de visitas; todos ellos muy incomprendidos y muy originales.


*Lenore Lenoir*


domingo, 12 de marzo de 2017

Si no me divierto, no es mi revolución

"Lunes antes de almorzar, una niña fue a jugar, pero no pudo jugar porque tenía que limpiar. Así limpiaba, así así..." Seguro que recuerdas esta frase y en tu mente la has leído entonando su famosa melodía. Aunque no te hayas criado con los payasos de la tele, es muy probable que tu madre te la cantara durante la infancia con toda la naturalidad del mundo.

En una época más reciente, concretamente esta Navidad, el anuncio de la marca de turrones "Suchard" me hizo reflexionar y a recordar los diversos medios en los que exponen a hombres adultos emulando a niños o incitándolos a sacar el niño que llevan dentro. En publicidad, películas, o en la misma vida real vemos a hombres haciendo el gamberro, comportándose de forma inmadura, solicitando cuidados y, en definitiva divirtiéndose. 

Siguiendo con el anuncio de "Suchard" como ejemplo, vemos a padre e hijo con sus caras de emoción corriendo escaleras abajo para ver si Papá Noel se ha comido el turrón que le dejaron la noche anterior, y en ese instante, al mirar su reflejo en una bola del árbol de Navidad, el padre recuerda su infancia y la ilusión que sentía por esas fechas. En un plano más alejado y borroso aparece la figura de la madre atendiendo mientras tanto al niño actual, aparentemente ajena a la explosión de felicidad de su pareja. En el reflejo de la bola sigue siendo la misma, la madre-esposa cuidadora; aunque, a fin de cuentas, es para lo que la han educado desde pequeña, ¿no?

¿Realmente las niñas tienen opción de divertirse?

Es muy posible que a la madre-esposa del anuncio, cuando era niña, le regalaran muñecos, cocinitas y kits de limpieza en miniatura, todo de color rosa pastel y decorado con pegatinas de "Hello Kitty" para que el mensaje "vamos a forjar en ti una perfecta esclava ama de casa" no sea tan evidente y parezca que barrer, limpiar pipí de mentira y freír un huevo de plástico es divertido.

Transcurridos unos años, a esa niña ya no le entusiasmaba tanto pasear a su muñeco bebé en un carrito y prefería llenar su habitación y material escolar con pósters  y pegatinas de sus artistas favoritos. Estaba en plena pubertad y le gustaba ir con sus amigas a conciertos, aunque para ello tuviese que aguantar largas horas en la cola. En una de esas ocasiones presenció a un grupo más o menos numeroso de jóvenes burlándose de sus ídolos y llamando "niñatas" entre risas a todas las que guardaban cola.

Poco después, varias amigas suyas empezaron a leer un libro que las tenía enganchadas y se animó a leerlo también. Fue emocionante saber que la autora iba a firmar ejemplares en su ciudad, aunque no contaba con la gran presencia de chicas de su edad el día del evento. Durante la espera, otro grupo se reía de ellas, sin contar con la cantidad de insultos que a esas alturas estaba acostumbrada a leer por Internet,

Al cabo de un tiempo, su afición fueron los videojuegos, pero el acoso constante, los comentarios mandándola a fregar y cuestionando su capacidad para jugar la acabaron cansando. Empezó a ver anime y a confeccionar sus cosplays, pero nunca eran lo suficientemente buenos y no era una verdadera cosplayer porque se le veía el escote. Luego probó a subir vídeos a Youtube, pero lo hacía para llamar la atención. Posteriormente decidió escribir algún relato, pero era insulso y destinado para crías inmaduras. De vez en cuando salía de fiesta con sus amigas y se hacían fotos, pero eso era de guarras. Nada estaba bien.





Por todo ello, reivindico el derecho de las niñas a divertirse, a que desarrollen su imaginación y sus capacidades libremente y sin prejuicios ni estereotipos impuestos, para que cuando sean adultas puedan concederse unos instantes reviviendo la felicidad de la niña que llevan dentro.


*Lenore Lenoir*

sábado, 10 de diciembre de 2016

Yo soy feminista


He intentado ver el vídeo de Zorman sobre las feministas, pero no he podido verlo de lo desagradable que me ha resultado y siento la necesidad de comentar sobre ello. Intentaré ir por partes y lo más ordenada posible, aunque mis ideas están un poco dispersas por querer decir mucho pero sin explayarme demasiado.

No me ha parecido gracioso, sinceramente, y no por el hecho de que "haya entrado en mi terreno", sino porque me ha resultado hostil y con intención de atacar y ridiculizar a todo un movimiento. Yo me identifico como metalera y también me atrae el estilo gótico, y me reí con "Yo soy gótico" y "Yo soy heavy"; sin embargo, en este último vídeo percibí un tono muy distinto, menos "simpático", por decirlo de algún modo. Tampoco es el primer vídeo que veo parodiando el feminismo, y aún habiendo algunas cosas que no me entusiasmaban demasiado, consiguieron hacerme reír.

De base, hay que tener en cuenta una cosa: no es lo mismo parodiar una tribu urbana -que se basa en una estética, un estilo de música, unas aficiones...-, que un movimiento social, que consiste en una reivindicación de derechos por parte de un colectivo que ya bastante mal lo está pasando como para que encima siga echando más leña al fuego alguien con una influencia de masas tan grande. Y la parodia es lo de menos, porque haciéndola en condiciones puede provocar alguna carcajada, de lo que yo me quejo es de la forma en la que ha enfocado el vídeo.

Para empezar, en la descripción dice que ha sido asesorado por "Experto en Igualdad", que es una cuenta antifeminista. Ahí todavía puedo entender que cuando buscas información sobre algo que desconoces te cuesta saber separar el grano del trigo y aceptas cualquier ayuda que venga. Ahora bien, si se te echan encima en masa por el vídeo y tu reacción es desaparecer y no escuchar o leer en qué la has cagado, permíteme que te diga que tu interés por aprender es nulo, sólo admites a aquellos que te brindan una información cómoda (y errónea), acorde a tus ideas preconcebidas. ¿Entonces para qué tanta parafernalia de buscar asesoramiento sobre un asunto que más que polémico es complejo, si no te ha aportado nada nuevo?

En lo poco que he visto del vídeo, lo que he encontrado de entrada son unos dibujos de unas feministas caracterizadas como gordas y/o feas, lo cual no tiene nada de malo serlo, pero es un recurso muy manido que se lleva utilizando desde el s. XIX como "argumento" contra el feminismo.



"La empatía y la razón no entran en mi pensamiento". Esto ya fue el colmo, y lo dijo apenas comenzar el vídeo. Recurrir a la descalificación barata pese haber sido "asesorado" a conciencia, aparte de demostrar la falta de argumentos -para hacer parodias también hay que tener un mínimo de idea de qué se parodia-, no transmite risa, sino rencor y hostilidad. Lo que yo siento como espectadora es que quien hace el vídeo se lo toma como algo personal, aunque se escude en un supuesto humor para tomarse todas las licencias que quiera.

Por otra parte, el contenido en sí no me dice nada. Ya no es sólo que no me vea reflejada en ese batiburrillo de estereotipos o me molesten ciertos comentarios, es que no identifico el "personaje" como feminista. Es decir, qué tendrá que ver luchar por la liberación de las mujeres con llevar el pelo de colores, por decir uno de esos estereotipos. El pelo de colores está de moda y se ha extendido entre chicas feministas como personas que forman parte de esta sociedad, pero no es algo que provenga de los movimientos feministas. O hacerse fotos desnudas, cuando vivimos saturadas y saturados de imágenes de mujeres sin ropa (ya sea para venderte un coche, por caprichos del guión de casi cualquier película/serie que se tercie, o porque quieren y pueden) que pueden ser, o no, feministas.

Por desgracia, no creo que la cosa vaya a acabar aquí. Ya hizo uno sobre lesbianas, otro colectivo discriminado que, casualmente, suelen asociarlo al feminismo ("si eres feminista es que odias a los hombres, por lo tanto eres lesbiana") y, como dice el refrán: uno recoge lo que siembra. Es decir, este tipo de vídeos atraen a quienes atraen, que son muchos y generan una suculenta cantidad de ingresos (no hay más que ver el número de suscriptores que tiene Dalas, por ejemplo), y al final sólo quedan dos alternativas: seguir haciendo ese mismo contenido porque van a ser ganancias aseguradas, o buscar otro tipo de temática con el riesgo de que tus seguidores emigren a otros canales que les den lo que quieren ver y oír.

Soy consciente de que tirar por tierra la lucha feminista con la excusa del humor está muy cotizado en Youtube, pero no es lo mismo que la gente se ría porque piense "es tan exagerado y surrealista que es gracioso" a que lo haga porque "es gracioso porque es verdad", y esto último es lo que está ocurriendo con ese vídeo por la desinformación generalizada de la audiencia (de hecho, a quienes he visto compartirlo de mi entorno le han añadido frases del tipo "qué razón tiene", "qué gran verdad", etc).



Como consecuencia de todo esto, lo que estamos recibiendo las feministas es acoso y la difusión del vídeo se está produciendo con más intención de molestar y hacer daño que porque sea gracioso en sí, y que se nos niegue la oportunidad de expresar nuestro malestar porque enseguida aparece la horda de seguidores insultando.

Y ahora te digo, Zorman, que yo te animo a que vayas a eventos feministas si realmente te interesa, porque la única forma de aprender es yendo y escuchando. Allí te pueden recomendar libros, blogs, eventos, etc realmente fiables ("Feminismo para principiantes" de Nuria Varela, es un buen libro para empezar). Escucha a las mujeres, que tenemos mucho que decir.


*Lenore Lenoir*


miércoles, 26 de octubre de 2016

Opresiones oprimidas

A colación del Día del Orgullo LGTB+, surgió una buena ocasión para la gente cisgénero* hetero para reclamar un día en el que poder manifestar su orgullo de no pertenecer al colectivo LGTB+. Lo mismo ocurre cuando los hombres reclaman su día y el orgullo de ser hombres, o personas blancas que reivindican su "white power" (poder blanco) frente al "black power". 

En un principio puede parecer algo igualitario (si estos colectivos muestran su orgullo en público, ¿por qué no hacerlo también nosotras y nosotros?), pero debemos tener en cuenta que darle el mismo peso a situaciones desequilibradas no siempre implica igualdad. Algo que tienen en común el Día de la Mujer, el Día del Orgullo LGTB+, el movimiento "Black Power", etc, es la historia que hay detrás. Detrás de estas celebraciones hubo y sigue habiendo un recorrido de lucha de grupos sociales históricamente oprimidos, son un recordatorio de que seguimos en pie y pese a todas las adversidades resistimos y sentimos orgullo por ello, porque somos fuertes. 

En cambio, los movimientos "White Power", "Orgullo hetero" y similares, parten desde la dominación. Son una respuesta hostil a los actos de visibilización de los grupos subordinados, y la única finalidad es silenciarles. No hay una historia detrás, y en ocasiones son promovidos por sectores de ultraderecha que ven peligrar sus privilegios. 

No se puede comparar el orgullo de un colectivo que ha sido colonizado y esclavizado y sigue luchando contra las formas de discriminación racial que aún persisten, con un orgullo de otro colectivo que ha colonizado y sometido durante siglos.

No se puede comparar el orgullo de gente que se enfrenta a diario con agresiones e insultos (e incluso asesinatos) por tener pareja del mismo sexo o ser trans, con el de personas que no tienen nada que temer por mostrar en público su orientación sexual y ejerce violencia contra las primeras.

En definitiva, no es comparable tener el orgullo de haber sobrevivido un día más en una sociedad que más que un hogar parece un campo de batalla, que tener el orgullo de pertenecer al grupo que tolera, fomenta y ejerce privilegios que dificulta la vida a otras personas.

(*cisgénero: persona cuyo género coincide con el asignado al nacer en base a los genitales)

*Lenore Lenoir*

domingo, 3 de julio de 2016

Sí, todas las mujeres

Está comprobado: en cuanto una mujer se queja por algo que le ocurre por el hecho de ser mujer, poco tardan en acudir los y las paladines de los hombres, en defensa del orgullo herido tras una afrenta tan grave como es una "generalización". Esta gente, hombres y mujeres, acuden al rescate de hombres que se han sentido generalizados cuando se habla de violaciones, acoso callejero, maltrato y otras agresiones que sufrimos las mujeres por algún ente incorpóreo o por gracia divina, porque al parecer nadie ha sido. Nadie agrede, nadie pone la mano encima, las mujeres nos maltratamos solitas.

Se ha extendido mucho una frase que hizo famoso a Bart Simpson y que la repetía sin cesar: "Yo no he sido"; y nunca falla. Una mujer (o dos, o tres) comparte una experiencia desagradable que ha vivido y poco tarda en aparecer alguien que se encargue de hacerle saber que "Yo no he sido", aunque la víctima en cuestión viva en la otra punta del país y su declaración no evite el daño ya hecho. Pero aquí no voy a entrar en las supuestas generalizaciones que destruyen más hombres que Hiroshima, me voy a centrar en otra generalización, en la nuestra. Voy a dejar de lado el "Not all men" (no todos los hombres) y me voy a dedicar al "Sí, todas las mujeres", porque siempre se recurre a lo primero para desviar la atención del problema que supone lo segundo.

Sí, todas las mujeres del mundo sufrimos violencia. Desde los cuadernos de quejas en Francia a finales del siglo XVIII hasta los grupos no mixtos en la actualidad, las mujeres hemos manifestado por activa y por pasiva nuestros problemas, los cuales creíamos que eran casos aislados y que sólo nos ocurrían a nosotras de manera individual. El feminismo nació precisamente de esta forma, al estrechar lazos y hablar con otras mujeres te das cuenta de que no eres la única que ha sufrido algún acto violento: resulta que a tu vecina le han gritado cosas por la calle, a tu mejor amiga le han tocado el culo, a tu cuñada le han llamado "puta", a esa mujer que acabas de conocer la rodearon entre varios hombres, una compañera de clase con la no sueles tener mucho contacto es víctima de maltrato por parte de su pareja...

Mientras seguimos aguantando y confiando en que el día siguiente transcurra con normalidad, la poca opción que tenemos es desahogarnos, contar lo ocurrido y cagarnos en los muertos de esta gentuza. Encima de que pasamos por semejante mierda constantemente, estemos donde estemos, y que no encontremos escapatoria en la vida real, tratan de coartar nuestra única vía de escape: desahogarnos y ofrecer apoyo a otras que también lo han vivido. Os escudáis en el "Yo no he sido" para que nos quedemos calladas y lo enterremos en nuestra memoria, para no asumir vuestra responsabilidad como parte de la sociedad que sois (aunque "no hayas sido", tampoco haces nada por condenar estas conductas, y también te hace responsable). A fin de cuentas, de lo que no se habla no existe, y si no hablamos ni publicamos nuestras vivencias es como si no hubieran ocurrido; nosotras seguimos creyendo que no le pasa a ninguna otra y la sociedad piensa que son situaciones aisladas y no un patrón sistemático que se repite con mayor o menor intensidad en todos los rincones del mundo.


*Lenore Lenoir*

lunes, 11 de abril de 2016

Tender puentes con el colectivo trans

El cuatrimestre pasado tuve que hacer un trabajo sobre transexualidad para una asignatura de la carrera, y aunque el resultado no fue el esperado, no fue un esfuerzo en vano. Yo partí de la base de una completa ignorancia sobre el tema, pues lo único que sabía era que existían personas trans porque tuve el placer de escuchar una charla de Mar Cambrollé y porque interactúo con ellas en Twitter; a partir ahí, no conocía mucho más.

Como persona cis, me resultaba difícil (y aún he de trabajar en ello) ponerme en el lugar de las personas trans y no podía hacerme ni una idea remota de cómo se sentían, especialmente las no binarias. No hablo ya de opresiones, pues en algunos aspectos me lo puedo figurar, hablo de su fuero interno, de cómo vive el cambio de género alguien de género fluido, por ejemplo, o cómo se siente una persona agénero.

Hacer este ensayo ha supuesto investigar en profundidad sobre el tema desde varias vertientes: jurídica, histórica, emocional, discriminatoria, reivindicatoria... (Para quien le interese, la obra de Norma Mejía habla de todo ello y os la recomiendo). También he contado con las declaraciones de algunas personas que se prestaron a hablarme de sus experiencias y a resolverme dudas, y gracias a ellas he aprendido mucho a entenderlas. Precisamente para comprender un colectivo hay que hablar con él y conocer sus posturas, pues resulta muy enriquecedor dialogar con quienes lo viven a diario en primera persona y saben mejor que nadie qué les pasa y sin duda tu percepción de las cosas no vuelve a ser la misma.

Este trabajo ha supuesto una luz en mi camino, y al mismo tiempo una deconstrucción de mis prejuicios (deconstrucción que trato de trabajar día a día). A su vez, me ha abierto los ojos en la complejidad que hay detrás del colectivo transexual y transgénero, promovida en parte por el propio desconocimiento ocasionado por la invisibilización de dicho colectivo; por eso es importante saber cuándo callar, escuchar, investigar y aprender, que no pasa nada por no ser siempre el centro de atención y darle el megáfono a otras personas (de verdad, os lo juro, no pasa nada).

Como mujer cis a la que nunca han cuestionado su género soy una privilegiada, y nunca me he planteado lo duro que es que te den el trato de un género que no eres, pero muchas veces se puede aportar un granito de arena sólo con respetar y escuchar aunque no entiendas mucho del tema. Aunque no comprendas que puedan existir mujeres con pene, hombres con vagina y personas que no son mujeres ni hombres, haces más de lo que crees sólo con referirte a ellas con el pronombre que te han dicho, pues el hecho de que respetes su identidad ya es algo que muchas desearían y a ti no te cuesta nada decir "ella" en vez de "él".

Una frase muy recurrente entre las feministas es: "Los hombres deben hacer feministas los espacios que ya tienen". En mi caso, me comprometo a seguir formándome, a escuchar lo que las personas trans tienen que decir, para así convertir el espacio que tengo en un entorno libre de transfobia.


*Lenore Lenoir*

lunes, 4 de abril de 2016

No somos complementos #2

Estoy harta de que se nos compare con cosas o instrumentos, a veces de gran complejidad, y otras, con un mecanismo sencillo de apertura. 

Me tocan el coño los "chistecitos" sobre manuales de instrucciones larguísimos que los pobres hombres deben estudiarse para "entendernos", como el que se lee una guía paso a paso en ruso para construir una nave espacial.







También me enerva que seamos clasificadas como "fáciles" o "difíciles". Mientras las primeras son defectos de fábrica, un producto BIC de usar y tirar de bajo coste o cosas de segunda mano; las segundas son las joyas de la corona, las iPhone en version mujer y ese objeto preciado que todos los hombres tratan desesperadamente de adquirir en cuanto sale a la venta listo para ser estrenado.











Lo triste es que ni siendo complicadas, que es lo que supuestamente se considera válido, dejamos de ser vistas como cosas. Por muy la repera que seamos, no olvidemos que seguimos siendo un bien factible de transacción, y que podemos ser sustituidas por otro objeto en cuanto dejamos de interesar a los adquirentes. Tratan de comprarnos con cenas, regalos, paseos nocturnos (lo que jurídicamente se conoce como pago en especie) y a mayor desembolso, mayor será la calidad de la mujer adquirida, porque se ha precisado más esfuerzo (más cenas, más regalos, etc) para conseguir el premio.

Y ya para rematar, una frasecita bastante viral, que dice lo siguiente: "No hay que entender a las mujeres, con amarlas es suficiente." Total, si somos meros objetos, para qué porras necesitamos ser entendidas o escuchadas, si al fin y al cabo fuimos adquiridas por el puro deseo y capricho y poco más.



Aprovecho, y ya con esto me despido, para plasmar como recordatorio que el primer paso para oprimir a una parte concreta de la sociedad consiste en la DESHUMANIZACIÓN de estas personas, ya que de este modo es más difícil empatizar con ellas y con su miseria. En este caso, y como ya he dicho, por muy bonito que traten de sonar al decir que las mujeres difíciles son las mejores, no deja de ser una simplificación de la mitad de la población a dos tipos: "más accesibles" y "menos accesibles" para la mayoría de los clientes; obviando que somos millones en el mundo, con nuestros problemas personales, nuestros sueños, nuestro ajetreo cotidiano, nuestros sentimientos.


*Lenore Lenoir*


miércoles, 30 de marzo de 2016

Un mundo sin mujeres



Hay que tener cuidado con lo que se desea, porque se puede cumplir con todas sus consecuencias. 
En este mundo se odia a las mujeres, a la mitad de la población, y nosotras lo notamos. Nos damos cuenta cada vez que en varios países se echan las manos a la cabeza cada vez que nace una niña porque la consideran una desgracia y una ruina para la familia. Se ve en la mirada de quienes nos asesinan o nos violan porque se creen con derecho a poseer nuestras vidas y arrebatárnoslas cuando les plazca. Lo notamos cada vez que nos ridiculizan o nos dicen que somos incapaces de hacer diversas cosas porque somos mujeres y claro, somos torpes, débiles, tontas, y tenemos “hormonas y esas cosas”. Lo dejan bastante claro cuando nos apartan de la vida pública y nos esconden en el hogar, invisibilizando nuestros logros y nuestras creaciones, como si no existiéramos; como si quisieran que desapareciéramos del mapa y dejáramos de estorbarles.

Imaginemos que eso ocurriera, que todas las mujeres del mundo nos esfumáramos de la noche a la mañana y no hubiera ni una sola habitando el planeta. Los padres “deshonrados” por la furcia de sus hijas que fueron violadas que cometieron adulterio habrán visto restablecido su honor; más posibilidades de encontrar trabajo porque no habría mujeres irrumpiendo en su espacio “de toda la vida”; no habría malas pécoras manipuladoras que hacen que sus pobres maridos se vean obligados a matarlas; no más nacimientos de niñas… aunque tampoco habría nadie para gestarlas.

Tras este día, Pepe llega a casa después de un largo día de trabajo. Está agotado y lo único que desea es sentarse en el sofá y esperar a la hora de cenar… una cena que no llega nunca. A esta realidad se enfrentarían los Pepes de todo el mundo, que en todos los años de matrimonio no han hecho ni una tortilla francesa ni han aprendido a gestionar el sueldo que ganan, porque nunca se han planteado cuánto dinero se necesita gastar para cubrir las necesidades básicas de la familia. Mientras nosotras hemos sido el pilar en el ámbito doméstico, hemos aprendido a sostener sobre nuestras espaldas el peso de otras responsabilidades: aparte de las tareas domésticas y los cuidados, también trabajamos fuera del hogar, estudiamos, emprendemos, y al mismo tiempo pensamos en sacar tiempo para hacer las compras necesarias y la contabilidad de la casa para llegar a fin de mes. A los Pepes, en cambio, no les han incrustado la idea de conciliar trabajo remunerado con labores domésticas. ¿Os habéis planteado a cuántos les costaría sobrevivir solos porque nunca han aprendido a cocinar? Se menosprecia la labor doméstica, pero como leí por ahí, “para limpiar también hay que saber”. Y para muestra, probad a meter en la lavadora una prenda roja y otra blanca, o algo de lana en agua caliente, a ver qué pasa. O intentad fregar ciertos tipos de suelos con lejía, que os vais a reír. 

Aunque hayamos sido ignoradas, menospreciadas, invisibilizadas, la Historia tal y como la conocemos no sería ni remotamente la que es sin nosotras. Imaginad la Historia sin mujeres. No es muy difícil, ¿verdad? No se conocen a muchas que hayan logrado un hueco relevante. Ahora imaginad la Historia sin mujeres, literalmente. Se esfuma el 50% de la población de la faz de la Tierra. ¿Qué habría sido de todos esos genios, escritores, pintores, músicos y hombres notables que cambiaron la Historia sin mujeres que les hubiera hecho el trabajo sucio para que ellos pudieran dedicarse el 100% a sus cosas? 

Con esto no estoy diciendo que se nos tenga que respetar porque necesitan criadas que les mantengan, les deje la casa ordenada y la prole criada; lo que pretendo es visibilizar el sacrificio que supone mantener en pie un hogar y una familia para que te lo agradezcan así, diciendo que eres una simple mujer que no vales para nada, no como ellos que todo lo que hacen parece ser tocado por la providencia divina. De la misma forma que se menosprecia la labor agrícola y ganadera, se infravalora la doméstica: interminables jornadas, pésimas condiciones, escasa retribución (tan escasa, que la labor doméstica en el ámbito familiar ni siquiera existe), y ambas suponen un pilar básico para el funcionamiento de la economía y de la sociedad. Si no se cosechan las frutas y hortalizas, tú no comes; si no preparas la comida, no comes.

Es cierto que actualmente han ido cambiando cosas y cada vez más hombres realizan tareas domésticas, pero en la mayoría de los casos seguimos siendo las mujeres las que nos encargamos exclusivamente de ellas y si desapareciéramos de buenas a primeras, muchos hombres de todo el mundo quedarían al borde de la inanición y rodeados de desorden.


*Lenore Lenoir*

miércoles, 9 de marzo de 2016

No somos complementos (especial 8 de Marzo)

Todavía me dura la resaca después de los incontables chupitos que me hubiera tenido que beber por cada "¿y el Día del Hombre qué?" que se pudo leer el pasado 8 de Marzo. Pero aparte de esto, el resumen del Día de la Mujer Trabajadora consiste en: múltiples carteles conmemorativos (a cada cual más hortera y estereotipado), derroche de originalidad de los genios del humor con chistes mandando a las mujeres a prepararles un sándwich, comentarios coherentes y numerosos "halagos" sobre lo buenos complementos que somos las mujeres.

En teoría la intencionalidad de estos comentarios es buena, pero realmente apestan a machismo desde lejos (en serio, explicadme dónde está lo bonito en decir que las mujeres somos COSAS bellas), porque nos otorgan cualquier trato excepto el de ser humano pleno y autónomo (ángeles, diosas, cosas, regalos de Dios para los hombres...). Lo que ocurre es que le añaden tanta purpurina que se te mete en los ojos y te dificulta ver el truño que son en realidad.

La idea era añadir algunos ejemplos gráficos que he encontrado, pero son tantos que haré una lista más o menos extensa de estas joyas de la corona.

     "Felicidades a todas aquellas a quienes Dios creó para ser lo mejor en la vida del hombre." Por supuesto, partiendo de una costilla de él, no vayamos a creernos que somos mínimamente autónomas y plenas.

     "Si tienes una mujer maravillosa a tu lado que te ayuda a balancear tu mundo, celébrala siempre." "Tu mundo". Las mujeres sólo estamos aquí para sacaros las castañas del fuego. No tenemos vida, ni mundo propio, ni sueños, ni aspiraciones en la vida más allá de solucionaros la vida.

     "Sin sonrisa de mujer no hay gloria completa de hombre." Cariño, me voy a poner unos pantalones rojos, píntate los labios del mismo color para que tu sonrisa combine con ellos.

     "La mujer es ese ser especial que nos trajo al mundo y nos llena de amor a lo largo de nuestras vidas." No olvidemos que para merecer un poco de admiración debemos poner a trabajar nuestros úteros y dedicarnos a ser sonrientes y amorosas.

     "Gracias por darle belleza a este mundo." Somos tan cuquis y esplendorosamente bellas que hasta nuestros microorganismos llevan lacitos y purpurina (Pista: NO).

     "Mujer es: color, mañana, aroma, belleza, juventud, pasión, dulzura y fortaleza." Todo con tal de no ser consideradas personas, entes vivientes de carne y hueso con vida autónoma.

     "Porque las mujeres son lo mejor que ha hecho el hombre." Más bien sois vosotros los que habéis sido gestados por una mujer.

     "Gracias a todas las mujeres por hacernos ver lo hermosa y maravillosa que es la vida." La vida sólo es cosa de hombres. Nosotras estamos para darles un toque de belleza a un mundo que huele a sudor de oso y sangre de orco de Mordor. Pero tampoco demasiado, a ver si se van a volver unas "nenazas".

     "Son lo más hermoso que Dios nos ha dado." Es lo que tiene vivir con una visión androcentrista del mundo, que crees que eres el rey de la fiesta y que todo lo demás está hecho para ti, porque tú y tu polla lo valéis.

     "A ti mujer, madre, esposa, hermana y amiga. A ustedes que son fuente de amor, vida y esperanza." Todas las que queden fuera de mi círculo, putas.

     "Porque una cosa con otra yo se que ustedes comprenden que no hay cosa mas sabrosa que las que nos dan las MUJERES." ¿Qué cosa es esa? ¿Un bocata de jamón?

     "Son todas una bendición, son creadoras, son la sensibilidad, la constancia y el motor del mundo." El motor de SU mundo, no lo olvidemos. Nosotras sólo somos seres abstractos y luminosos que estamos para servirles y hacerles la vida más placentera.

     "La mujer no es cuerpo, es corazón." Han descubierto nuestro secreto: en verdad somos hologramas, somos seres incorpóreos,

     "Fuente insustituible de la vida, apoyo, esperanza y calidez para los hombres y las civilizaciones." No esperaréis que, con todo el trabajo que conlleva ser el centro del universo, encima se hagan de comer y se laven la ropa, ¿verdad? Y necesitan a alguien a quien contar todas sus esplendorosas aventuras como dueños y señores del mundo y de todo lo que en él habita.

     "Aquellas hermosas personitas que nos alegran la vida." Personitas pequeñitas, tan bonitas y cuquititas. Demos gracias que nos haya personalizado, pedirle que no nos infantilice ya sería demasiado pedir.

     "Gracias Dios, por darnos la mejor respuesta de tu amor... Mujeres." Otro más que se cree el ombligo del universo y que las mujeres somos regalos para él, porque L'Oreal.

     "Dios las creó para que los hombres viéramos que lo único que tenemos es fuerza." ¿Cómo decir que las mujeres son débiles sin que suene muy machista? ¡Voilà!

     "Mujeres; ¿qué hubiera escrito Neruda? ¿qué habría pintado Picasso, si no existieran musas como ustedes?" Habrían escrito sobre cualquier otra cosa y habrían seguido teniendo acceso a la fama. La mayoría de mujeres a lo más que podían aspirar en el mundo del arte era a darles de comer a señores como Neruda o Picasso en calidad de "musas". Muy pocas lograban hacerse hueco como artistas y en muchas ocasiones tenían que tirar de pseudónimo (masculino, por supuesto) para que les hicieran algo de caso.

     "Gracias por serlo todo: amiga, hermana, novia, esposa, madre, hija, tía..." Nuestro "todo" se reduce al parentesco con los hombres. Que seamos estudiantes, trabajadoras, artistas, deportistas, PERSONAS, ya tal.
     "La creación más hermosa del Planeta." Pero depílate, maquíllate, tiñe tus canas, no engordes, no tengas estrías... Nadie dijo que la "creación hermosa" no necesite algunos ajustes.

     "Las mujeres son lo mejor que puede pasar." Por eso las asesinamos, acosamos, asustamos, golpeamos, humillamos, menospreciamos...

Por supuesto los 364 días restantes también nos recuerdan cuál es nuestro lugar y nuestro papel en este mundo, que es el de servir, complacer y hacerle la vida más agradable a los hombres. Nos recuerdan que somos seres incompletos, sin vida propia, sin preocupaciones, sin aspiraciones personales, sin aficiones (más allá de las de tu macho). Nos recuerdan que las necesidades de los hombres son más importantes y debemos anteponerlas a las nuestras. Nos recuerdan que sólo merecemos respeto por nuestra capacidad procreadora y por la cercanía de parentesco que tengamos con los hombres.

En el 8 de Marzo, Día de la Mujer Trabajadora (o, mejor dicho, Día de las Mujeres, en plural) sólo descargan la artillería pesada y las muestras de su visión como complementos se multiplican. Lo peor es que creen que eso es halagador y bonito, pero al final lo que consiguen es, una vez más, situarse en el centro y relegarnos a nosotras a meros satélites suyos.




*Lenore Lenoir*

lunes, 7 de marzo de 2016

Recordatorio para el 8 de Marzo

No somos diosas, ni un "regalo de Dios" para los hombres. No somos ángeles. No somos "la cosa" más hermosa que podría existir en este planeta. No somos princesas ni reinas. No somos "criaturas" bellas. No somos musas. No somos obras de arte. No somos "el descanso del guerrero". No somos la felicidad del hombre. No somos la corona de nuestros maridos. No somos las guardianas del hogar. No somos la gloria del hombre. No somos rosas ni ninguna otra flor. No somos divinas. No somos complementos de nadie. No somos seres virtuosos ni criaturas de luz. No sólo somos madres, hijas, esposas. 



No hay nada que celebrar. No quiero flores, ni sartenes, ni electrodomésticos. No quiero homenajes de color rosa, ni un "felicidades". ¿Felicidades por qué? ¿La muerte de mujeres trabajadoras que reivindicaban sus derechos es motivo para felicitar? No quiero que se desvirtúe este día, no quiero que me "honren" diciéndome que soy la cosa más bella que existe. No quiero que me describan con cualquier adjetivo bonito.




Por el contrario, quiero que a las mujeres nos recuerden como lo que somos: personas independientes, seres humanos. Quiero que entre tantas "diosas, musas, ángeles y cosas bellas", recuerden que somos trabajadoras, estudiantes, jóvenes, viejas. Que recuerden que tenemos necesidades vitales como comer o dormir; que reímos, lloramos, nos enfadamos, nos sentimos enérgicas a veces, y cansadas otras; que también enfermamos. No nos despertamos peinadas y radiantes. Tenemos vello, estrías, granos, canas, y la grasa no se acumula sólo en el culo y en las tetas. También tenemos habilidades: cantamos, bailamos, escribimos, estudiamos, cocinamos, pintamos, hacemos malabares, tocamos algún instrumento musical... Somos ingenieras, albañiles, militares, juezas, médicas, limpiadoras, artistas, inventoras, investigadoras, diseñadoras, periodistas... Somos seres humanos.




Quiero, además, que no se olvide la verdadera razón del 8 de Marzo detrás de tanta parafernalia plagada de estereotipos recalentados por enésima vez y servidos en una bandeja rosa.





*Lenore Lenoir*

BDSM: ni maltrato ni machismo

Tras el éxito de libros como la saga "50 sombras de Grey" parece que, de pronto, proliferan los eruditos del BDSM y que todo el mundo lo practica. Pero, ¿qué significa "BDSM"? ¿Es BDSM lo que se relata en "50 sombras de Grey"? ¿No es una forma de maltrato?

El término "BDSM" abarca diversas disciplinas:
- Bondage, que consiste en el arte del amarre, especialmente con cuerdas.
- D/s (Dominación/sumisión): es un juego de roles en el que uno asume el control y el otro es sometido a la voluntad del primero.
- Sadismo/Masoquismo: el primero consiste en sentir excitación por el dolor ajeno, mientras que el segundo es el placer a través del dolor propio.

Dicho esto, ¿acaso este tipo de prácticas no suponen una conducta machista o una forma de violencia de género? La respuesta es un rotundo NO.

En el mundo del BDSM hay una norma no escrita pero que todo el mundo comparte por unanimidad: su práctica ha de ser sana, segura y consensuada. Estos tres requisitos, evidentemente, no los cumple alguien que maltrata a su pareja (sobre todo el del consenso). Cada pareja que realiza alguna disciplina de BDSM establece sus propias normas y sus límites previamente pactados, de tal manera que nadie hará nada que la otra persona no quiera hacer. Al fin y al cabo la finalidad básica es conseguir placer.

Si hablamos estrictamente de las relaciones D/s, el sometimiento de una persona a otra no es más que parte de un juego de roles entre Amo/a y sumiso/a, pero fuera de este juego ambos son tratados entre sí en régimen de igualdad y respeto, con lo cual debe excluirse una conducta machista o hembrista (es posible que existan Amos y sumisos en ambos sexos).

Debido a la fama de sagas literarias como "50 sombras de Grey" parece que ha aumentado el interés por el BDSM y la proliferación de "Amos" que van de expertos en la materia pero, ¿es la famosa trilogía un buen ejemplo ilustrativo de lo que representa el auténtico BDSM? Adelanto ya que un par de azotes NO es BDSM. Y no sólo eso. Aunque aparentemente la persona que adopta el rol de sumiso no tiene voz ni voto, en realidad es quien marca los límites que el Amo no debe sobrepasar, además de que tiene una palabra de seguridad que usará cuando quiera que su Amo/a detenga lo que esté haciendo. De este modo, jamás se hará nada que el sumiso no desee o soporte, tomando por tanto el control del juego.

En "50 sombras de Grey", por el contrario, la chica carece de toda voluntad más allá de los deseos del Sr. Grey, el cual decide hasta la ropa que debe vestir ella. Los personajes firmaron un "contrato" concretando las normas que ella debe cumplir, pero no impone límite ninguno ni acuerdan ninguna palabra de seguridad. Además, en una auténtica relación D/s el Amo se compromete a cuidar y proteger a su sumisa, velar por su seguridad, y eso supone una plena confianza mutua entre Am@/sumis@, algo que no parece suceder en la famosa trilogía. Por eso mismo, ya no se puede considerar BDSM.

No hace mucho leí en una web (y razón no le falta): "Un verdadero Amo es capaz de imponer allá donde esté con su sola presencia, sin necesidad de hacer alarde de su condición de dominante." Con estas modas han comenzado a proliferar supuestos Amos que creen que tienen carta blanca para hacer lo que quieran con los sumisos, sin preocuparse de las necesidades de éstos, y adoptan una actitud egoísta que encuentra una justificación de sus actos en el BDSM.

Está bien que poco a poco se vayan rompiendo tabúes en el sexo y que cada cual haga aquello que le guste y le siente bien, siempre y cuando sea algo sano, seguro y consensuado.

*Lenore Lenoir*


jueves, 3 de marzo de 2016

Machismo y homofobia en el acoso callejero

Machismo y homofobia suelen ir de la mano, especialmente cuando el machista es heterosexual. Y es que el acoso sólo es un inocente piropo "para alegrarle el día a las féminas y que alguien les recuerde que la calle no es su sitio lo guapas que son" (porque ni siquiera conciben que nosotras podemos recordarnos solitas lo mucho que nos gustamos, o que tenemos seres queridos)... hasta que son ellos los receptores de piropos... por parte de otros hombres. Entonces puede ocurrir dos cosas: 1) que sientan el mismo asco e igual de violentados que nos sentimos nosotras; o 2) que reaccionen con agresividad.

El machista homófobo estándar necesita reafirmar constantemente su hombría, lo macho-men que es; por ello cuantas más mujeres acosa, más varonil y macho alfa se siente. Pero claro, la idea de que otro hombre haga lo mismo con él ya no agrada, porque su posición de "macho de la manada" se ve en peligro al aparecer otro que se atreve a ridiculizarlo y a retarlo en público.

Generalmente, un hombre piropeado no reacciona igual cuando recibe el piropo de una mujer y cuando lo recibe un hombre. Si es una mujer la que piropea, la hombría la puede ver reforzada si le resulta atractiva; si le parece fea la insultará, pero no la considerará una amenaza (más bien pensará que él es "demasiado hombre" para ella). Si es un hombre, independientemente del aspecto físico, la reacción será hostil y tratará de demostrar por activa y por pasiva que no le gustan los hombres, llegando a recurrir incluso a la violencia. Podría decirse, por tanto, que la sensación que se le queda en el cuerpo es prácticamente la misma que a la mayoría de las mujeres cuando recibimos los mismos comentarios por parte de él, pero existen algunas diferencias:

1- A las mujeres nos educan para aprender la indefensión y el miedo. Nos enseñan (no las "feminazis") que los hombres son peligrosos, que no saben controlar sus impulsos y que no sabemos cuáles son sus intenciones. Así que cuando sufrimos acoso callejero, en la mayoría de los casos nos bloqueamos, sentimos miedo o pasamos de largo fingiendo que no hemos oído nada. Generalmente no nos atrevemos a responder por si reaccionan de forma agresiva y pueda ocurrirle algo a nuestra integridad física.
A los hombres se les inculca que han de ser fuertes y valientes, que si les pegan ellos devuelvan el golpe con más fuerza. Por tanto, ante una situación de acoso, están más preparados para una respuesta defensiva. Instintivamente no sufrirán bloqueo, sino ganas de partirle la boca al que sea por confundirle con un "maricón" (¿cómo será eso posible si usa un desodorante con aroma a "sudor de oso en celo"?)

2- Si, por un casual, una mujer se sale del molde que se espera de ella y se caga en los muertos de quien le ha dicho que se la follaría de arriba a abajo, o se defiende de quien la manosea por la calle, se convierte en una exagerada que roza el hembrismo con su actitud. Si no quiere que la traten como un objeto que no salga a la calle, porque el objetivo de una mujer cuando sale a la calle no es otro que el de querer ser un bonito adorno.
Es lógico, por el contrario, que un hombre le reviente la cabeza a otro que le haya piropeado, a ver qué se habrá creído el muy maricón. Aquí o te haces respetar y te impones como macho alfa, o te acabarán tomando por una nenaza que no ha sabido echarle cojones a un gay.

A veces puede ocurrir una situación similar a la de este vídeo, que un hombre piropee a otro creyendo que se trataba de una mujer. El protagonista del vídeo en cuestión mostró que aparte de la reacción violenta de las "víctimas" de su trampa, más de uno se excusaba porque creía que se trataba de una mujer. Y aquí quería yo llegar: decirle obscenidades o mirar como un cacho de carne a una mujer está bien (para eso estamos las mujeres en este mundo, ¿no?), pero tener esa conducta con otro hombre es una aberración (porque ellos son los más heteromachos del mundo mundial, que no quepa ninguna duda).


*Lenore Lenoir*