Mostrando entradas con la etiqueta igualdad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta igualdad. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de marzo de 2017

La trampa de la igualdad

Cuando alguien pregunta a un grupo de gente "¿Quién está a favor de la igualdad?" raro es quien no levanta la mano. Da igual el género, la orientación sexual, la creencia religiosa, la etnia o la clase social a la que pertenezcamos, la palabra "igualdad" suena muy bien y es muy deseable porque en mayor o en menor medida suele haber algún factor con el que nos percibamos en desigualdad respecto a otras personas: una mujer blanca de clase acomodada puede querer igualdad porque se siente discriminada por ser mujer, un hombre blanco de clase obrera desea igualdad para poder llegar a fin de mes, un hombre negro quiere vivir tranquilamente sin tener que aguantar comentarios racistas, y así sucesivamente.

Ahora bien, ¿qué significa "igualdad"? Es importante hacerse esta pregunta, porque según la connotación que se le dé, puede variar mucho el progreso de una sociedad. 

Supongamos que la igualdad debería ser interpretada en un sentido estricto, es decir, todo el mundo por igual en un sentido literal. Suena lógico, nadie debería tener ventajas especiales sobre el resto por cumplir ciertas características. Nadie debería recibir becas para estudiar, ni subvenciones de ningún tipo. Tampoco descuentos en el transporte público, ¿por qué hay que darles un trato especial a personas jubiladas o a personas sin ingresos? Y ya no hablemos de los descuentos en museos o monumentos para personas empadronadas o jóvenes. Por no mencionar las ventajas fiscales para familias numerosas o un sistema de tributación escalonada ajustada a las circunstancias personales y familiares de cada individuo. Si tienes una hija o un hijo que ha sacado una media de matrícula de honor en Bachillerato, no aceptes el primer año de universidad gratis en solidaridad con el resto de estudiantes que deben pagar su matrícula. Tampoco aceptes los pluses en tu salario por antigüedad por una igualdad con el resto de la plantilla, ni la paga a la que tienes derecho si estás en situación de desempleo.

Por otro lado, existe otro concepto de igualdad, uno peor visto pero del que paradójicamente nos hemos beneficiado en más de una ocasión. No nos gusta el término "acción positiva" (la mal denominada "discriminación positiva"), pero con más o menos acierto ha sabido identificar las múltiples circunstancias que distinguimos como desigualitarias y, si bien no carece de imperfecciones, al menos muestra el punto básico: para plantear una solución en materia de igualdad, primero hay que saber cuál es el problema.




*Lenore Lenoir*

miércoles, 30 de marzo de 2016

Un mundo sin mujeres



Hay que tener cuidado con lo que se desea, porque se puede cumplir con todas sus consecuencias. 
En este mundo se odia a las mujeres, a la mitad de la población, y nosotras lo notamos. Nos damos cuenta cada vez que en varios países se echan las manos a la cabeza cada vez que nace una niña porque la consideran una desgracia y una ruina para la familia. Se ve en la mirada de quienes nos asesinan o nos violan porque se creen con derecho a poseer nuestras vidas y arrebatárnoslas cuando les plazca. Lo notamos cada vez que nos ridiculizan o nos dicen que somos incapaces de hacer diversas cosas porque somos mujeres y claro, somos torpes, débiles, tontas, y tenemos “hormonas y esas cosas”. Lo dejan bastante claro cuando nos apartan de la vida pública y nos esconden en el hogar, invisibilizando nuestros logros y nuestras creaciones, como si no existiéramos; como si quisieran que desapareciéramos del mapa y dejáramos de estorbarles.

Imaginemos que eso ocurriera, que todas las mujeres del mundo nos esfumáramos de la noche a la mañana y no hubiera ni una sola habitando el planeta. Los padres “deshonrados” por la furcia de sus hijas que fueron violadas que cometieron adulterio habrán visto restablecido su honor; más posibilidades de encontrar trabajo porque no habría mujeres irrumpiendo en su espacio “de toda la vida”; no habría malas pécoras manipuladoras que hacen que sus pobres maridos se vean obligados a matarlas; no más nacimientos de niñas… aunque tampoco habría nadie para gestarlas.

Tras este día, Pepe llega a casa después de un largo día de trabajo. Está agotado y lo único que desea es sentarse en el sofá y esperar a la hora de cenar… una cena que no llega nunca. A esta realidad se enfrentarían los Pepes de todo el mundo, que en todos los años de matrimonio no han hecho ni una tortilla francesa ni han aprendido a gestionar el sueldo que ganan, porque nunca se han planteado cuánto dinero se necesita gastar para cubrir las necesidades básicas de la familia. Mientras nosotras hemos sido el pilar en el ámbito doméstico, hemos aprendido a sostener sobre nuestras espaldas el peso de otras responsabilidades: aparte de las tareas domésticas y los cuidados, también trabajamos fuera del hogar, estudiamos, emprendemos, y al mismo tiempo pensamos en sacar tiempo para hacer las compras necesarias y la contabilidad de la casa para llegar a fin de mes. A los Pepes, en cambio, no les han incrustado la idea de conciliar trabajo remunerado con labores domésticas. ¿Os habéis planteado a cuántos les costaría sobrevivir solos porque nunca han aprendido a cocinar? Se menosprecia la labor doméstica, pero como leí por ahí, “para limpiar también hay que saber”. Y para muestra, probad a meter en la lavadora una prenda roja y otra blanca, o algo de lana en agua caliente, a ver qué pasa. O intentad fregar ciertos tipos de suelos con lejía, que os vais a reír. 

Aunque hayamos sido ignoradas, menospreciadas, invisibilizadas, la Historia tal y como la conocemos no sería ni remotamente la que es sin nosotras. Imaginad la Historia sin mujeres. No es muy difícil, ¿verdad? No se conocen a muchas que hayan logrado un hueco relevante. Ahora imaginad la Historia sin mujeres, literalmente. Se esfuma el 50% de la población de la faz de la Tierra. ¿Qué habría sido de todos esos genios, escritores, pintores, músicos y hombres notables que cambiaron la Historia sin mujeres que les hubiera hecho el trabajo sucio para que ellos pudieran dedicarse el 100% a sus cosas? 

Con esto no estoy diciendo que se nos tenga que respetar porque necesitan criadas que les mantengan, les deje la casa ordenada y la prole criada; lo que pretendo es visibilizar el sacrificio que supone mantener en pie un hogar y una familia para que te lo agradezcan así, diciendo que eres una simple mujer que no vales para nada, no como ellos que todo lo que hacen parece ser tocado por la providencia divina. De la misma forma que se menosprecia la labor agrícola y ganadera, se infravalora la doméstica: interminables jornadas, pésimas condiciones, escasa retribución (tan escasa, que la labor doméstica en el ámbito familiar ni siquiera existe), y ambas suponen un pilar básico para el funcionamiento de la economía y de la sociedad. Si no se cosechan las frutas y hortalizas, tú no comes; si no preparas la comida, no comes.

Es cierto que actualmente han ido cambiando cosas y cada vez más hombres realizan tareas domésticas, pero en la mayoría de los casos seguimos siendo las mujeres las que nos encargamos exclusivamente de ellas y si desapareciéramos de buenas a primeras, muchos hombres de todo el mundo quedarían al borde de la inanición y rodeados de desorden.


*Lenore Lenoir*

lunes, 7 de marzo de 2016

Recordatorio para el 8 de Marzo

No somos diosas, ni un "regalo de Dios" para los hombres. No somos ángeles. No somos "la cosa" más hermosa que podría existir en este planeta. No somos princesas ni reinas. No somos "criaturas" bellas. No somos musas. No somos obras de arte. No somos "el descanso del guerrero". No somos la felicidad del hombre. No somos la corona de nuestros maridos. No somos las guardianas del hogar. No somos la gloria del hombre. No somos rosas ni ninguna otra flor. No somos divinas. No somos complementos de nadie. No somos seres virtuosos ni criaturas de luz. No sólo somos madres, hijas, esposas. 



No hay nada que celebrar. No quiero flores, ni sartenes, ni electrodomésticos. No quiero homenajes de color rosa, ni un "felicidades". ¿Felicidades por qué? ¿La muerte de mujeres trabajadoras que reivindicaban sus derechos es motivo para felicitar? No quiero que se desvirtúe este día, no quiero que me "honren" diciéndome que soy la cosa más bella que existe. No quiero que me describan con cualquier adjetivo bonito.




Por el contrario, quiero que a las mujeres nos recuerden como lo que somos: personas independientes, seres humanos. Quiero que entre tantas "diosas, musas, ángeles y cosas bellas", recuerden que somos trabajadoras, estudiantes, jóvenes, viejas. Que recuerden que tenemos necesidades vitales como comer o dormir; que reímos, lloramos, nos enfadamos, nos sentimos enérgicas a veces, y cansadas otras; que también enfermamos. No nos despertamos peinadas y radiantes. Tenemos vello, estrías, granos, canas, y la grasa no se acumula sólo en el culo y en las tetas. También tenemos habilidades: cantamos, bailamos, escribimos, estudiamos, cocinamos, pintamos, hacemos malabares, tocamos algún instrumento musical... Somos ingenieras, albañiles, militares, juezas, médicas, limpiadoras, artistas, inventoras, investigadoras, diseñadoras, periodistas... Somos seres humanos.




Quiero, además, que no se olvide la verdadera razón del 8 de Marzo detrás de tanta parafernalia plagada de estereotipos recalentados por enésima vez y servidos en una bandeja rosa.





*Lenore Lenoir*

lunes, 22 de febrero de 2016

Guía para ser una buena feminista

Cuando entras en el mundillo del feminismo y estás empezando, es normal que te alberguen ciertas dudas, especialmente respecto a lo que consiste ser una buena feminista (de las de verdad, de las que no manchan la imagen del feminismo con sus tonterías de querer ser tratadas como personas devorar el alma de los hombres en su akelarre de terror y destrucción). Es por eso que he decidido ayudarte, querida lectora (y lector, no olvidemos a los hombres), a distinguir entre "feminista respetable" y "zorra-feminazi-concubina-de-Satán-devora-fetos" en esta práctica guía.

SITUACIÓN Nº1: Un amable caballero hace alarde de una exquisita prosa publicando en redes sociales "Todas putas. A fregar. Jajajaja".

Una buena feminista entiende que sólo es humor inocente y que la libertad de expresión está por encima de su dignidad como persona. Si bien se molesta un poco al principio, le ríe el fino humor (que ya que se ha esmerado tanto en elaborar el chiste estaría feo ponerle cara de seta), porque eso no tiene nada que ver con el machismo y también hay chistes en sentido contrario. Pero cuidado, limítate a reírte, nada de mostrar cualquier atisbo de disgusto.
Por el contrario, una falsa feminista incomodará al Cervantes del humor con una ausencia de sonrisa, ¡incluso le dirá que no le ha hecho gracia! Y ya el remate es cuando explica por qué esos chistes denigran a las mujeres. Vamos, el acabose.

SITUACIÓN Nº2: Un simpático señor te exige solicita una explicación sobre los orígenes del patriarcado, por orden cronológico, con notas a pie de página y bibliografía, mientras te manda un meme sobre el 120% de denuncias falsas.

Una feminista coherente cumple las exigencias la solicitud a rajatabla y le presenta un trabajo de Doctorado de 200 páginas, remarcando con subrayador lo más importante para que él no tenga que perder demasiado tiempo y pueda ir al grano. Luego no lo leerá, pero tú habrás cumplido tu misión (hasta que te vuelva a pedir más).

Una mala zorra hembrista se negará sin contemplaciones y seguirá con su vida. Será una borde y una egoísta. Después pide igualdad, pero no le dedica el mismo tiempo a los trolls amables señores que a ella misma.

SITUACIÓN Nº3: Un desconocido se ha puesto palote enamorado viéndote pasar por la calle, ha considerado que es cuestión de vida o muerte y debe hacértelo saber con un "te follaría de arriba a abajo".

Una feminista de pro se lo tomaría como un halago y por educación le sonríe y le da las gracias por esa información tan relevante, aunque el príncipe encantador tenía que ir a rescatar a una princesa y se ha ido antes de que siquiera pudiera escuchar sus palabras de agradecimiento.

Una femizorra no entiende de galanterías y se giraría para que le repitiera lo que le ha dicho.

SITUACIÓN Nº4: Te ves espléndida con un vestido nuevo y decides hacerte una foto para publicarla en tus redes sociales, pero cuatro pelos en las piernas te arruinan esa foto perfecta, y una horda un grupo de muchachos preocupados por tu imagen te lo hacen saber. 

Una feminista guay se da cuenta del terrible error que ha cometido y es imperdonable que otras personas tengan que ver esa escena tan desagradable, así que decide borrar la foto e ir corriendo a depilarse (obviamente porque ella quiere, los insultos y burlas recibidas son secundarias).


Una indeseable, por el contrario, no sólo no borraría la foto sino que subiría 100 más, a cada cual más velluda. ¡Incluso algunas hasta se tiñen el vello con colores fantasía para que se vea más!

SITUACIÓN Nº5: Sale una noticia de un nuevo caso de violencia de género.

Una auténtica feminista aboga por no reconocer que es un problema social no generalizar. Que sí, que es una mierda que maten a otra mujer y tal, pero no es plan de señalar al agresor; a fin de cuentas, no conocemos su versión y ya se sabe que hay mucha arpía que se pasa todo el día poniendo denuncias falsas para recibir una paguita y vivir de papá Estado.

Una mala feminista, en cambio, manifestará su rabia por los asesinatos y condenará a los asesinos.



Estos son sólo unos pocos ejemplos prácticos, pero si quieres aplicar tu feminismo buenrollero y auténtico de una forma más generalizada, debes seguir estos sencillos pasos:

1) Nunca discutas ni hagas reproches. Entiende que los chistes sobre violaciones son sólo chistes, no son cosas que ocurran en la vida real como para preocuparte por el humor.

2) Pase lo que pase, recuerda que siempre habrá cosas más importantes por las que luchar. Aquí ya hay igualdad y toda reivindicación es una chorrada en comparación con lo que les pasa a las mujeres del lugar más alejado y recóndito de donde tú te encuentres, porque recuerda que no puedes quejarte por ambas cosas al mismo tiempo.

3) Está muy bien eso de la igualdad, pero las malas feministas están enfocando mal el feminismo y deberás trabajar muy duro para que te tomen en serio. Toma nota de los consejos de los hombres (si son forococheros, mejor) y síguelos a rajatabla para no desviar la atención en cosas insustanciales.

4) Bajo ningún concepto te definas como feminista, de lo contrario te pueden confundir con una femizorra y tú no quieres eso. Es aconsejable que te identifiques como "igualitarista", "humanista" o "equitativista".

5) NUNCA, JAMÁS, dejes de priorizar en tus luchas los derechos de los hombres-cisgénero-blancos-heterosexuales-de clase media. Eso es fundamental para conseguir la igualdad que tanto ansias. Si en algún momento miras por tus derechos, ten cuidado porque te puedes feminazidar en cualquier instante.

6) POR FAVOR, nada de decidir cortarte el pelo, dejar de depilarte o dejar de estar deseable a los ojos de los caballeros. Eso ya supondría caer en el agujero negro del feminazismo porque ¿sabes quién llevaba también el pelo corto y no se depilaba? ¡Exacto, Hitler!

7) No molestes. No es bueno que te pongas siempre pesada con la igualdad, tus derechos y tal. Dedícate a otras cosas y deja que las cosas sigan su curso, que la igualdad irá llegando sola.


*Lenore Lenoir*



martes, 7 de octubre de 2014

Paternidad invisible


Hace unos días, en mi búsqueda ocasional de frases, me llamó mucho la atención ésta:




En lo primero que me fijé fue en la separación de roles según seas madre o padre. No he parado de darle vueltas al asunto desde entonces porque, a excepción del parto y la lactancia natural, no hay ninguna otra actividad en torno al cuidado del bebé que sea exclusivo de un solo género; es decir, la educación, higiene y manutención del hijo o de la hija pueden ejercerlas indistintamente hombres y mujeres. Entonces, ¿cuáles son esos roles de "padre" y cuáles son los de "madre"?
Pero entonces, a medida que releía la frase, emergió de la superficie otro dato que antes había pasado más desapercibido: ¿Dónde está la figura (que no el rol) del padre?

Hice una prueba, y busqué la misma frase de la imagen de arriba, pero cambiando "mujeres" por "hombres". Para mi sorpresa (o no), seguían apareciendo las que hacían alusión a las mujeres, con dos aisladas destinadas a los hombres. ¿Casualidad? No lo creo.

¿A qué se debe esa invisibilización de la figura paterna? Se habla del "rol de padre", pero a la hora de la verdad pasa bastante desapercibido. En la puerta de los colegios, en los parques, en las conversaciones entre los niños, e incluso en la custodia de éstos en caso de divorcio de los progenitores, el acto de presencia materno es casi indiscutible, y esto no es bueno. No es bueno, porque los niños y las niñas aprenden imitando lo que ven en su entorno, y si observan que la educación y cuidado la lleva a cabo exclusivamente la madre, asimilan que esa tarea corresponde sólo a ella y, por tanto, no es una responsabilidad que concierna al padre.

A no ser que la presencia paterna sea un perjuicio para los hijos, es una labor que ambos, padre y madre, deben desempeñar juntos. Supondría una carga mucho menos pesada, y un padre que educa y participa activamente en la manutención y crianza de los hijos les inculca que esa responsabilidad es indistinta de tu género.


*Lenore Lenoir*

martes, 18 de marzo de 2014

Las mujeres no somos importantes

Triste, pero cierto. En el orden de prioridades, la mujer se encuentra en el último lugar, y porque ya no queda nada más por lo que luchar.

Desde que existe la humanidad y empezaron a surgir las desigualdades, también se han hecho uso de las luchas y revueltas para combatir la discriminación... excepto la de la mujer. Se ha luchado contra el desproporcional reparto de la riqueza, contra la distinción de clases, contra la esclavitud, contra la opresión (del hombre), contra la homofobia, etc.

Pero, ¿qué pasa con la mujer? Sí, existe el movimiento feminista, que reivindica la igualdad de derechos y oportunidades.

Por lo general, en cualquier otra manifestacion suelen participar tanto hombres como mujeres (no sé exactamente en qué proporción, pero no hay más que acudir a una manifestación y observar), sin embargo la presencia masculina es muy escasa (si la hay) en las manifestaciones feministas o reivindicativas de una igualdad real (no la que diga en un papel mojado y obsoleto).

¿Por qué sucede esto? ¿Acaso no es igual de importante la eliminación de los roles sexistas (que también les afecta a ellos dictaminando cómo deben comportarse para ser "hombres de verdad") que cualquier otro asunto?

Hablando con varios hombres no era infrecuente escuchar comentarios del tipo: "¿Para qué luchar por los derechos de las mujeres si nos están quitando los de los hombres?" (que también son de las mujeres, aunque no parecen tenerlo en cuenta, pues no son capaces de ver más allá de su ombligo); "Déjate de tonterías, que ya existe igualdad, y preocúpate por asuntos más importantes. No sé, colabora con UNICEF, por ejemplo." (claro, es que luchar por tener las mismas oportunidades que los hombres son nimiedades y aspiraciones de mujeres histéricas); "¿Que te está hablando de feminismo? No veas qué paranoia, esa tía debe estar mal de la cabeza." Y así, con este tipo de comentarios, tratan de subestimar a quienes optan por ser algo más que amas de casa e incubadoras de bebés, a quienes han aprendido a ser mujeres independientes y apuntan alto en la vida.

Por otra parte, el hecho de considerar el feminismo como un movimiento exclusivo para mujeres y que se incurra muchas veces en el error de que es el otro extremo del machismo (que eso es el hembrismo), provoca que muy pocos hombres se atrevan a autodenominarse feministas. Aquellos que sí lo hacen, sin embargo, tienden a ser tachados de afeminados o simplemente les explota la cabeza al resto, incapaces de comprender esa situación.

Pero estamos en las mismas: al haber muy pocos hombres feministas y al existir demasiados prejuicios y concepciones erróneas en torno al feminismo, se reduce el interés por el mismo, aparte del convencimiento de muchas personas de que vivimos en una sociedad igualitaria y que los casos de violencia de género son hechos aislados.

Da igual quien haya sido el gobernante de turno o la corriente ideológica y política, que en muy escasas ocasiones ha podido ver la mujer una mejora en su calidad de vida. Cuando se ha tratado de hacer algo, más que una solución al problema se han dedicado a decretar leyes-parche que, pese a las buenas intenciones que pudieran haber tenido los legisladores, la experiencia ha demostrado su falta de efectividad. Y es que el único remedio auténtico se basa en la educación, inculcando a las generaciones futuras el respeto y enseñando a detectar y prevenir conductas sexistas. No dudo que es un proceso lento, pero siglos de machismo sólo se combate con un proceso que implante la igualdad en el tiempo venidero.

Nota aclaratoria: en el texto no estoy diciendo que todos los hombres desprestigien la causa feminista o se tomen a chiste la lucha por la igualdad. Las conversaciones que mantuve fue con algunos que, desgraciadamente, pensaban así, pero ni mucho menos representan a la generalidad de la población masculina.

*Lenore Lenoir*

sábado, 21 de diciembre de 2013

No quiero tener hijos (y me obligan)

Soy mujer, y llámame loca pero no quiero tener hijos.

Ahora se abalanzará sobre mí una horda de gente con rostros de notable preocupación. Seguramente estarán pensando: "Pobre ingenua, es muy joven, ya se despertará su reloj biológico"; "Si tener un bebé es lo más maravilloso que le puede pasar a una mujer, sustituir su vida plagada de sueños y ambiciones por los de un bebé que berrea las 24 horas. No sabe lo que dice".
Para todos aquellos que penséis así, no os preocupéis, porque aunque no quiera tener niños, me obligan.

Y es que si ya de por sí la educación sexual en España deja bastante que desear, la decisión sobre nuestro cuerpo (el de las mujeres) ha quedado relegado a merced del patriarcado.

La nueva reforma de la Ley del aborto ha supuesto un paso más (o un paso menos, según se mire) a devolver a la mujer a "su lugar", es decir, al cuidado del hogar con un rebaño de niños gritando mientras el marido (porque claro, no se puede concebir un matrimonio entre personas del mismo sexo) se pasa el día entero fuera de casa trabajando, como en la época franquista que tanto parecen añorar estos señores caducados... Con la diferencia de que ahora el marido está todo el día fuera en la cola del INEM.

 Y me remito al principio: no quiero tener hijos.

Si ya de por sí no quería tenerlos, ahora mucho menos.
 En primer lugar, me tratan de imponer que tenga hijos sí o sí, aunque después los maltrate o los odie por hacerme recordar que me obligaron a parirlos cada vez que miro sus caras. Pero bueno, si les pasa algo una vez nacidos ya no pintan nada los "pro-vida" en su defensa.

En segundo lugar, no sólo no puedo decidir cuándo parir y cuándo no, sino que tampoco puedo educar a los niños como considere conveniente. No puedo inculcarles una forma de vida librepensadora y curiosa si el Estado se encarga también de seleccionar qué quiere que sepan, qué pensamiento y qué creencias deben tener (maravillosa la LOMCE).

Tercero, no estoy dispuesta a condenar a unos niños a un futuro incierto, a exponerlos como carne de cañón a una sociedad abiertamente machista y retrógrada.

Cuarto, que no me da la gana.

Y es que, a pesar de que me enerven los críos y que no sepa tratarlos, que a pesar de no tener instinto maternal y ser defensora del derecho al aborto libre, los quiero lo suficiente para no desearles un mundo así.

Pero no hay que preocuparse, porque con la alta cualificación que van a recibir las generaciones venideras en la asignatura de Religión (católica, por supuesto, como debe ser), puede que no tengan ni idea de qué es un preservativo, pero se conocerán a la perfección todos los santos a los que rezarle para no quedarse embarazadas.


*Lenore Lenoir*

lunes, 16 de diciembre de 2013

Burka social

¿Cuántas veces nos habremos quejado de lo tremendamente machista que es el Islam? ¿Cuántas veces habremos sentido indignación por el uso del burka (que no hijab, ojo) que en determinados países islámicos imponen a las mujeres?
Si la respuesta para ambas preguntas es "muchas" o "bastantes", ¿qué me dirías si yo te dijera que en los países occidentales y "democráticos" también se impone el burka?
Seguramente sería tildada de loca y me rebatiríais con cualquier clase de argumentos. "Aquí podemos vestir como queramos", "No pasa nada por enseñar el cuerpo" y un sinfín más de cosas que se os ocurran.
En parte es cierto: aquí no nos apedrean si no llevamos determinada prenda y podemos vestir "como queramos" entre comillas, porque indirectamente pretenden imponernos un estilo de vestir concreto establecido por las denominadas modas, aunque de una manera más sutil e imperceptible a simple vista.
Pero la triste realidad es que en las sociedades occidentales también existe el burka, sólo que aquí no es un burka material, tangible, es un burka social. La propia sociedad es la que analiza tu forma de vestir y la que juzga según tu aspecto.
Si llevas "demasiado escote" o una falda "demasiado corta" te lapidarán no con piedras, sino con insultos. Te llamarán "puta", "fresca" o "zorra", o bien te dirán que deberías ir más tapada, pues de lo contrario vas provocando y cualquier hombre tendrá pase libre para hacer lo que quiera contigo.
¿Te suena esto? A las mujeres musulmanas que les imponen el burka lo hacen con el pretexto de que no provoquen al hombre; en el mundo occidental no está bien visto llevar según qué prendas para no ir provocando. ¿Casualidad? No lo creo. Vivamos donde vivamos, las mujeres somos vistas como unos seres que inducimos al pecado y nuestro cuerpo es pura lujuria (en unos lugares en mayor medida que en otros).
Incluso la sociedad más igualitaria que pueda existir actualmente no se libra del sexismo y de los micromachismos y a las pruebas que a continuación voy a exponer me remito.
Hace pocos días vi unos carteles a modo de protesta por la censura del pecho femenino en las redes sociales. En estos aparecían varias mujeres desnudas, pero en lugar de mostrar sus propias tetas, enseñaban pectorales de hombre.
La protesta consistía en que si publicabas una imagen de una mujer sin camiseta te la eliminaban de inmediato de la página, mientras que no ocurre lo mismo con una fotografía de un hombre sin camiseta.
Viendo esto, decidí hacer la prueba por mí misma y publiqué esta imagen en una red social concreta.


Me la eliminaron en varias ocasiones hasta que publiqué la misma fotografía pero retocada, de tal modo que utilicé unos pectorales masculinos de una imagen aleatoria.






Para mi sorpresa (o no tanta, sabiendo cómo funciona esta sociedad), con este retoque sí me permitieron conservar la imagen.

Juzgad vosotros mismos.

*Lilith*

viernes, 15 de marzo de 2013

No somos nazis, somos feministas.

Después de mucho tiempo sin entrar en este blog, creo que la única forma de librarme de esta escasez de escritura va a ser, qué ironía, escribiendo. Con tantas ideas en mente, pero enredadas como una bobina de hilo, lo mejor va a ser ir desmenuzándolas poco a poco.

Una de las cosas que quería profundizar un poco es el Feminismo, pues no es infrecuente leer últimamente comentarios en las redes sociales donde se denigra a las feministas con calificativos como "feminazis" o expresiones como "Feministas hasta que se casan", donde se refleja una total ignorancia al verdadero significado de feminismo y, en ocasiones, lo confunden con "hembrismo".

Antes que nada, es importante saber diferenciar el concepto de uno y otro término: el Feminismo lo que pretende es lograr la igualdad de derechos entre mujeres y hombres (ante todo somos personas, y deberíamos ser tratados todos como tales, independientemente del sexo); por contra, el Hembrismo es la versión femenina del Machismo, es decir, considerar a la mujer como superior al hombre y tratar a éste como poco más que un felpudo (algo de lo que personalmente estoy totalmente en contra).

Tras esta explicación distintiva hecha de forma resumida y muy por encima, sobra decir que el acto de casarse no es algo contradictorio al feminismo, pues el matrimonio no supone subordinación, ni el hecho de tener pareja deja de ser una mujer completa (no hay que olvidar que también existen los hombres feministas). ¿Acaso las feministas no tenemos derecho a querer a alguien?

También cabe destacar al respecto el dilema relativo especialmente a las pruebas físicas diferenciadas para mujeres y hombres para acceder al cuerpo de policía o de bomberos. Está demostrado que fisiológicamente los hombres están predispuestos a ser más fuertes que las mujeres, pero no por ello puede justificarse que nosotras debamos quedar excluidas de esos oficios. 

Personalmente, no creo que una mujer tenga menos posibilidades de éxito de salvar vidas por el mero hecho de que le exijan menos en sus pruebas físicas de acceso a bombero (o a cualquier cuerpo de seguridad en general) que su compañero masculino, ya que queda compensado con otras cualidades que nos facilita nuestra fisionomía (mayor agilidad en los movimientos, por ejemplo). La fuerza, aunque sea importante para ciertas labores, no tiene valor si no se emplea maña y destreza.

Claramente todas las personas somos diferentes, y a veces son necesarios tratos desiguales para conseguir iguales posibilidades y derechos (qué paradoja), pero en eso consiste la igualdad. 


*Lenore Lenoir*